UD9. Comunicación escrita
Modernos y
elegantes
Desde que
las insignias
se llaman pins; los homsexuales, gays; las comidas frías, lunchs; y los repartos de cine, castings, este país no es el mismo. Ahora es mucho más
moderno.
Durante
muchos años, los españoles estuvimos hablando en prosa sin enterarnos. Y, lo
que todavía es peor, sin darnos cuenta siquiera de lo atrasados que estábamos.
Los niños leían tebeos en vez de comics, los jóvenes hacían fiestas
en vez de parties,
los estudiantes pegaban posters creyendo que eran carteles,
los empresarios hacían negocios en vez de business, las
secretarias usaban medias en vez de panties y los obreros, tan ordinarios, sacaban la fiambrera
al mediodía en vez del catering. Yo mismo, en el colegio, hice aerobic
muchas veces, pero como no lo sabía -ni usaba por supuesto mallas adecuadas-,
no me sirvió de nada. En mi ignorancia, creía que hacía gimnasia.
Afortunadamente,
todo esto ha cambiado. El lenguaje, ya se sabe, es como la prueba del algodón:
no engaña. No es lo mismo decir bacon que tocino –aunque tenga igual grasa-, ni
vestíbulo que hall, ni inconveniente que handicap. Las cosas, en otro idioma, mejoran
mucho y tienen mayor prestancia. Sobre todo en inglés, que es el idioma que
manda.
Desde que
Nueva York es la capital del mundo, nadie es realmente moderno mientras no diga
en inglés un mínimo de cien palabras. Desde ese punto de vista, los españoles
estamos ya completamente modernizados. Es más, creo que hoy en el mundo no hay
nadie que nos iguale. Porque, mientras en otros países tomas sólo del inglés
las palabras que no tienen –bien porque su idioma es pobre, cosa que no es
nuestro caso, o bien porque pertenecen a lenguas de reciente creación, como el
de la economía o el de la informática-, nosotros más generosos, hemos ido más
allá y hemos adoptado incluso las que no nos hacían falta. Lo cual demuestra
nuestra apertura y nuestra capacidad para superarnos.
Así,
ahora, por ejemplo, ya no decimos bizcocho, sino plum-cake, que queda mucho más fino, ni tenemos sentimientos,
sino feelings,
que es mucho más elegante. Y de la misma manera, sacamos tickets,
compramos compacts,
usamos
kleenex, comemos sandwichs, vamos al pub, quedamos groggies,
hacemos rappel
y, los domingos, cuando salimos al campo –que algunos, los más modernos, lo
llaman country-,
en lugar de acampar como hasta ahora, vivqueamos o hacemos camping.
Y todo ello, ya digo, con mayor naturalidad y sin darnos apenas importancia.
Obviamente, estos cambios de lenguaje han influido en nuestras costumbres y han
cambiado nuestro aspecto, que ahora es mucho más moderno y elegante. Por
ejemplo, los españoles ya no usamos calzoncillos, sino slips, lo que nos
permite marcar paquete con más soltura que a nuestros padres; ya no nos ponemos
ropa,
sino marcas;
ya no tomamos café,
sin coffee,
que infinitamente mejor, sobre todo si va mojado, en lugar de con galletas, que
es una vulgaridad, con cereales tostados. Y cuando nos afeitamos nos ponemos after-shave,
que aunque parezca lo mismo, deja más fresca la cara.
En el
plano colectivo ocurre exactamente lo mismo que pasa a nivel privado: todo ha
evolucionado. En España, por ejemplo, hoy la gente ya no corre,
hace jogging
o footing (depende mucho del chándal); ya no anda,
ahora hace
senderismo; ya no estudia, hace masters; ya no aparca, deja el coche en
el parking que es mucho más práctico. Hasta los suicidas,
cuando se tiran de un puente, ya no se tiran, hacen puenting,
que es más in, aunque, si falla la cuerda, se matan igual que antes.
Entre los
profesionales, la cosa ya es exagerada. No es que seamos modernos; es que
estamos ya a años luz de los mismísimos americanos. En la oficina, por ejemplo,
el jefe ya no es el jefe, es el boss, y está siempre reunido con la public-relations
y el asesor de imagen o va a hacer bussines a Holland junto con su secretaria. En su
maletín de mano, al revés de los de antes, que lo llevaban repleto de papeles y
latas de fabada, lleva tan sólo un teléfono móvil y un fax-moden por si acaso.
La secretaria trampoco le va a la zaga. Aunque seguramente es de Cuenca, ahora
ya no lleva agenda ni confecciona listados. Ahora hace mailings,
trainnings –y press-books para la prensa- y cuando acaba el trabajo va
al gimnasio a hacer gim-jazz o a la academia de baile para bailar
sevillanas. Allí se encuentra con todas las de la jet,
que vienen de hacerse liftings, y con alguna top-model amante del body-fitness
y del
yogourht desnatado. Todas toman, por supuesto, cosas light,
y ya no fuman tabaco, que ahora es una cosa out, y cuando acuden a
un cocktail
toman bitter
y rosat-beef, que, aunque parezca lo mismo, es mucho más
digestivo y engorda menos que la carne asada.
En la
televisión, entre tanto, ya nadie hace entrevistas ni presenta, como antes, un
programa. Ahora hacen interviews y presentan magazines, que dan
mucha más prestancia, aunque aparezcan siempre los mismos y con los mismos
collares. Si el presentador dice mucho: O.K. y se mueve todo el rato, al magazine se le llama show
–que es distinto que espectáculo- y si éste es un show heavy,
es decir, tiene carnaza, se le adjetiva de reality para quitarle
la cosa cutre que tendría en castellano. Entre medias, por supuesto ya no nos
ponen
anuncios, sino spots, que, aparte de ser mejores, nos permiten hacer zapping.
En el
deporte del basket
–que antes era el baloncesto- los clubs ya no se eliminan, sino que juegan play-offs,
que son más emocionantes, y a los patrocinadores se les llama sponsors,
que para eso son los que pagan. En mercado ahora es el marketing,
el autoservicio es el self-sevice; el escalafón, el ranking;
el solomillo, el steak (incluso aunque no sea tártaro); la gente guapa, la beautiful,
y el representante, el manager. Y desde hace algún tiempo, también, los
importantes son vips; los auriculares, walk-man; los puestos
de venta, stands;
los ejecutivos, yuppies; las niñeras, baby-sitters; y los
derechos de autor, royalties. Hasta los pobres ya no son pobres; ahora los
llamamos homeless,
como en América, lo que indica hasta qué punto hemos evolucionado.
Para ser
ricos del todo y quitarnos el complejo de país tercermundista que tuvimos algún
tiempo y que tanto nos avergonzaba, sólo nos queda ya decir siesta –la única
palabra que el español ha exportado al mundo, lo que dice mucho en favor
nuestro – con acento americano.
Julio Llamazares
-
¿Cuál es el tema del artículo de opinión de Julio Llamazares?
-
¿Cuál crees que es la postura del autor con respecto al empleo de
barbarismos? Justifica tu respuesta.
-
Enumera 5 de los barbarismos a los que hace referencia Llamazares.
-
En la actualidad, el lenguaje informático suele estar lleno de
barbarismos como restorear, cuando existe en castellano el verbo restaurar o
savear por guardar. Intenta buscar un término castellano equivalente a los
siguientes barbarismos informáticos:
tipear, zoomear, software, link y file.
-
Escribe un microrrelato en tono irónico de entre 10 y 15 líneas sobre el
lenguaje lleno de barbarismos de Internet. Tendrás que incluir al menos 10
barbarismos en el texto. Añade entre paréntesis su correspondencia en
castellano. Para su redacción utiliza la técnica del binomio fantástico que ya
hemos practicado en otras ocasiones. En la primera frase tendrás que incluir
los barbarismos lunch y software.
Recuerdo
que aquel grave incidente con el software de mi ordenador, ocurrió mientras el
resto de la oficina disfrutaba de la hora del lunch. Yo estaba enviando un
e-mail a un amigo cuando la pantalla del PC comenzó a frikear primero; a dibujar extrañas y
trepidantes espirales, luego; y a abrirse, después, dejando en cueros su tubo
de imagen. Fue entonces cuando escuché aquel sonido, cada vez más intenso. Y
aún peor. Sentí aquella fuerza que me empujaba hacia el interior del tubo de
imagen. Tragada por la pantalla de mi ordenador. No me lo podía creer. Tras un
leve frikeo, la pantalla volvió a su estado anterior, con la salvedad, claro,
de que yo estaba allí, pisoteando la última frase que había escrito en mi
e-mail: me encantaría estar a tu lado.






Comentarios
Publicar un comentario