UD5. Educación literaria




Incluso con la intención más intencionada de ser realista, siempre hay una mirada personal de lo que el mundo refleja en nosotros. Los escritores del Realismo y el Naturalismo tenían su propia visión y escogieron unos personajes, lugares, ciudades y recorridos, que podrían haber sido otros personajes, lugares, ciudades y recorridos. Esa fue su mirada realista. Hay subjetividad en el Realismo.
Hasta los tribunales del concurso de Charles Chaplin encontraron en otros al verdadero Charles Chaplin.










Lee los siguientes fragmentos del Realismo. Nos servirán de base para dar forma a un mapa de ideas sobre este movimiento literario. Primero realizaremos una lluvia de ideas guiada por preguntas como ¿cómo es el  lenguaje de los fragmentos: culto o sencillo?, ¿qué  conflictos se exponen en los textos?, ¿qué tipo de personajes y ambientes aparecen? o  ¿cómo es el narrador de  estos pasajes: omnisciente, en primera persona, en tercera persona?

TEXTO 1. Doña Perfecta, de Galdós.
“Eran aquellos varones insignes lo más granado de la ilustre sociedad; propietarios ricos los unos, pobrísimos los otros, pero libres de altas aspiraciones todos. Tenían la imperturbable serenidad del mendigo que nada apetece mientras no le falta un mendrugo para engañar el hambre y buen sol para calentarse. Lo que principalmente distinguía a los orbajosenses del Casino era un sentimiento de viva hostilidad hacia todo lo que de fuera viniese. Y siempre que algún forastero de viso se presentaba en las augustas salas, creíanle venido a poner en duda la superioridad de la patria del ajo o a disputarle por envidia las preeminanecias incontrovertibles que Natura le concediera.”

TEXTO 2. La conversión de Chiripa, de Leopoldo Alas “Clarín”.
“Un día, viendo pasar una manifestación de obreros, a cuyo frente marchaba un estandarte que decía: ¡Ocho horas de trabajo!, Chiripa, estremeciéndose, pensó:
_¡Rediós!, ocho horas de trabajo, y para eso tiran bombas! ¡Con ocho horas tengo yo para toda la temporada de trabajo, que es la de más apuro, por los bañistas. “

TEXTO 3: Doña Perfecta, de Galdós.
“Esta mañana estaban todos en casa. Se había matado al cerdo para las Pascuas. Las mujeres se ocupan en las alegres faenas de estos días y viera usted allí a Doña Perfecta con media docena de sus amigas y criadas ocupándose en limpiar la carne para el adobo, en picarla para los chorizos, en preparar todo lo concerniente al interesante tratado de las morcillas. Entró Jacinto, acercose al grupo, resbaló en una piltrafa y cayó. Horrible suceso que por lo monstruoso no parece verdad!!!! El infeliz muchacho cayó violentamente sobre su madre María Remedios que tenía un gran cuchillo en la mano. Por un mecanismo fatal, el arma se envasó en el pecho del joven, atravesándole el corazón. Estoy consternado”.

A partir del mapa de ideas anterior, crea un microrrelato realista. Para componerlo tendrás que emplear la técnica de escritura creativa denominada “binomio fantástico” que consiste en crear un relato a partir de dos palabras inconexas que deben aparecer en la primera frase. En este caso,  las dos palabras son predictor y diccionario. Fírmalo con tu seudónimo. Después los iremos leyendo en clase, alumnos que no sean los autores del texto. El resto de los alumnos en un papel escribirán su nombre, pondrán una nota numérica al texto e intentarán identificar a qué compañero pertenece. 


Lee la siguiente frase del encerado: “Había creído sentir sobre la boca el vientre viscoso y frío de un sapo”.  A partir de esta frase tendréis que crear un microrrelato de 10 líneas, del que será su último enunciado. Fírmalo también con seudónimo. Volveremos a leer alguno de estos textos repitiendo el procedimiento anterior.

“Había creído sentir sobre la boca el  vientre viscoso y frío de un sapo”. Así describe Leopoldo Alas “Clarín” la sensación de Ana Ozores frente al beso del cura afeminado Celedonio. Lee ahora el fragmento en el que aparece.


Ana, ante aquel silencio, sintió un terror extraño...

Pasaban segundos, algunos minutos muy largos, y la mano no llamaba.

La Regenta, que estaba de rodillas, se puso en pie con un valor nervioso que en las grandes crisis le acudía... y se atrevió a dar un paso hacia el confesonario.

Entonces crujió con fuerza el cajón sombrío, y brotó de su centro una figura negra, larga. Ana vio a la luz de la lámpara un rostro pálido, unos ojos que pinchaban como fuego, fijos, atónitos como los del Jesús del altar...

El Magistral extendió un brazo, dio un paso de asesino hacia la Regenta, que horrorizada retrocedió hasta tropezar con la tarima. Ana quiso gritar, pedir socorro y no pudo. Cayó sentada en la madera, abierta la boca, los ojos espantados, las manos extendidas hacia el enemigo, que el terror le decía que iba a asesinarla.

El Magistral se detuvo, cruzó los brazos sobre el vientre. No podía hablar, ni quería... Temblábale todo el cuerpo; volvió a extender los brazos hacia Ana... dio otro paso adelante... y después, clavándose las uñas en el cuello, dio media vuelta, como si fuera a caer desplomado, y con piernas débiles y temblonas salió de la capilla. Cuando estuvo en el trascoro, sacó fuerzas de flaqueza, y aunque iba ciego, procuró no tropezar con los pilares y llegó a la sacristía sin caer ni vacilar siquiera. 


Ana, vencida por el terror, cayó de bruces sobre el pavimento de mármol blanco y negro; cayó sin sentido.

La catedral estaba sola. Las sombras de los pilares y de las bóvedas se iban juntando y dejaban el templo en tinieblas.

Celedonio, el acólito afeminado, algo y escuálido, con la sotana corta y sucia, venía de capilla en capilla cerrando verjas. Las llaves del manojo sonaban chocando.

Llegó a la capilla del Magistral y cerró con estrépito.

Después de cerrar tuvo aprensión de haber oído algo allí dentro; pegó el rostro a la verja y miró hacia el fondo de la capilla, escudriñando en la oscuridad. Debajo de la lámpara se le figuró ver una sombra mayor que otras veces...

Y entonces redobló la atención y oyó un rumor como un quejido débil, como un suspiro.
Abrió, entró y reconoció a la Regenta desmayada.

Celedonio sintió un deseo miserable, una perversión de la perversión de su lascivia: y por gozar un placer extraño, o por probar si lo gozaba, inclinó el rostro asqueroso sobre el de la Regenta y le besó los labios.

Ana volvió a la vida rasgando las nieblas de un delirio que le causaba náuseas.

Había creído'' sentir sobre la boca el vientre viscoso y frío de un sapo

Resuelve las siguientes cuestiones:
-¿Por qué crees que el autor elige en la expresión “beso de sapo” a este  animal y no a otro?
-¿Se trata de un texto narrativo o de un texto descriptivo, es decir, se relata o se describe? Justifica tu respuesta.
-¿Cuántos personajes encuentras en el texto? Haz una lista de los adjetivos que acompañan a cada personaje.
-Explica las diferencias entre el relato que habías escrito a partir de la técnica del final predeterminado y el fragmento de La Regenta.

A partir del  fragmento de La Regenta vamos a realizar entre toda la clase un mapa de ideas
con las características del Naturalismo.  (Tipo de narrador, lección moral, etc. )

Realiza el siguiente cuestionario:

Para realizar esta actividad tendrás que poner tus cinco sentidos. Tan sólo dispones de 30 minutos.


1.      Lee atentamente, antes de empezar a contestar todas las preguntas de esta prueba.

2.     Escribe tu nombre y apellidos.

3.      ¿A qué movimiento literario pertenecen los siguientes autores?
Larra                Galdós                       Bécquer                      “Clarín”  

4.      Recuerda el título de algún artículo de Larra y alguno de sus seudónimos.

5.      Enumera 3 características del Realismo y 3 características del Naturalismo.

6.      Escribe un autor y una obra del Realismo.

7.      A partir de las siguientes palabras crea las 3 primeras frases de un microrrelato realista: mono  y calendario.

8.         Identifica los sintagmas de los siguientes enunciados, explica si son oraciones coordinadas o subordinadas y su tipo, e identifica la obra en la que se incluyen.
“Abrió, entró y reconoció a la Regenta desmayada. “
“Ya sabes que soy franco y castellano viejo.”

 9.   Alza la mano cuando hayas finalizado la prueba.      
10.   La cuestión 7 es una actividad para desarrollar en casa.





Vamos a  realizar una lectura expresiva de un fragmento de La novela en el tranvía que hemos repartido en diferentes voces (narrador 1, narrador 2, Mudarra y Condesa).  Lo leeremos entre la clase, intentando lograr la mayor espontaneidad en los diálogos. Atención al tema y resumen, tipo de narrador, tipo de texto y posibles arcaísmos.

NOTA: Muchos críticos consideran a Galdós como el autor español más grande desde Cervantes. Aunque  es especialmente famoso por sus esfuerzos pioneros en realismo, sus obras anteriores contienen aspectos de romanticismo. La novela en el tranvía  refleja su fondo en ambos movimientos. Su atención a los detalles del tranvía y el retrato psicológico de sus personajes es increíblemente realista; sin embargo, hay numerosos elementos de la fantasía que evitan que el obra sea solamente un producto del realismo
.
NARRADOR 1: De súbito sentí vivamente picada mi curiosidad: había leído algo que me interesaba, y ciertos nombres esparcidos en el pedazo de folletín hicieron a un tiempo la vista y el recuerdo. Busqué el principio y no lo hallé: el papel estaba roto, y únicamente pude leer, con curiosidad primero y después con afán creciente lo siguiente:

NARRADOR 2: Sentía la condesa una agitación indescriptible. La presencia de Mudarra, el insolente mayordomo, que olvidando su bajo origen atrevíase a poner los ojos en persona tan alta, le causaba continua zozobra. El infame la estaba espiando sin cesar, la vigilaba como se vigila a un preso. Ya no le detenía ningún respeto, ni era obstáculo a su infame asechanza la sensibilidad y delicadeza de tan excelente señora.

Mudarra penetró a deshora en la habitación de la Condesa, que pálida y agitada, sintiendo a la vez vergüenza y terror, no tuvo ánimo para despedirle.

MUDARRA: No se asuste usía, señora Condesa...

NARRADOR 2: Dijo con forzada y siniestra sonrisa, que aumentó la turbación de la dama.

MUDARRA: No vengo a hacer a usía daño alguno.  
              
CONDESA: ¡Oh, Dios mío! ¡Cuándo acabará este suplicio!

NARRADOR 2: Exclamó la dama, dejando caer sus brazos con desaliento.

CONDESA: Salga usted; yo no puedo acceder a sus deseos. ¡Qué infamia! ¡Abusar de ese modo de mi debilidad, y de la indiferencia de mi esposo, único autor de tantas desdichas!

MUDARRA: ¿Por qué tan arisca señora Condesa?

NARRADOR 2: Añadió el feroz mayordomo.

MUDARRA: Si yo no tuviera el secreto de su perdición en mi mano; si yo no pudiera imponer al señor Conde de ciertos particulares... pues... referentes a aquel caballerito... Pero, no abusaré, no, de estas terribles armas. Usted me comprenderá al fin, conociendo cuán desinteresado es el grande amor que ha sabido inspirarme.

NARRADOR 2: Al decir esto, Mudarra dio algunos pasos hacia la condesa, que se alejó con horror y repugnancia de aquel monstruo.

Era Mudarra un hombre como de cincuenta años, moreno, rechoncho y patizambo; de cabellos ásperos y en desorden, grande y colmilluda la boca. Sus ojos medio ocultos tras la frondosidad de largas, negras y espesísimas cejas, en aquellos instantes expresaban la más bestial concupiscencia.

MUDARRA: ¡Ah puerco espín!

NARRADOR 2: Exclamó con ira al ver el natural despego de la dama

MUDARRA:  ¡Qué desdicha no ser un mozalbete almidonado! Tanto remilgo sabiendo puedo informar al señor Conde... Y me creerá, no lo dude usía: el señor Conde tiene en mí tal confianza, que lo que yo le digo es para él el mismo Evangelio... pues... y como está celoso... si yo le presento el papelito...

CONDESA: ¡Infame!

NARRADOR 2: Gritó la condesa con noble arranque de indagación y dignidad.

CONDESA: Yo soy inocente; y mi esposo no será capaz de prestar oídos a tan viles calumnias. Y aunque fuera culpable prefiero mil veces ser despreciada por mi marido y por todo el mundo, a comprar mi tranquilidad a ese precio. Salga usted de aquí al instante.

MUDARRA: Yo también tengo mal genio, señora Condesa.

NARRADOR 2: Dijo el mayordomo devorando su rabia.


MUDARRA: Yo también gasto mal genio, y cuando me amosco... Puesto que usía lo toma por la tremenda, vamos por la tremenda. Ya sé lo que tengo que hacer, y demasiado condescendiente he sido hasta aquí. Por última vez propongo a usía que seamos amigos, y no me ponga en el caso de hacer un disparate... con que señora mía...

NARRADOR 2: Al decir esto Mudarra contrajo la pergaminosa piel y los rígidos tendones de su rostro haciendo una mueca parecida a una sonrisa, y dio algunos pasos como para sentarse en el sofá junto a la Condesa. Ésta se levantó de un salto gritando:

CONDESA:  No; ¡salga usted! ¡Infame! Y no tener quien me defienda... ¡Salga usted!

NARRADOR 2: El mayordomo, entonces, era como una fiera a quien se escapa la presa que ha tenido un momento antes entre sus uñas. Dio un resoplido, hizo un gesto de amenaza y salió despacio con pasos muy quedos. La Condesa, trémula y sin aliento, refugiada en la extremidad del gabinete, sintió las pisadas que alejándose se perdían en la alfombra de la habitación inmediata, y respiró al fin cuando le consideró lejos. Cerró las puertas y quiso dormir; pero el sueño huía de sus ojos aún aterrados con la imagen del monstruo.

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