UD11. Comunicación oral
Esta es la rúbrica de la nueva Unidad Didáctica
Decía Churchill que antes de un gran reto intelectual, había que perder-ganar el tiempo leyendo. Ahora que la tarea es argumentar y exponer, vamos a relajarnos primero con una actividad poética.
Los niños del móvil
El titular de la noticia local dice: Un menor agrede a sus padres por no comprarle de regalo
un móvil. Los detalles son deprimentes. El muchacho, de 16 años, en su
furia, ha destrozado cuadros, muebles y enseres de la casa. La policía lo lleva
detenido. La familia, lo sabemos, es un lugar de afecto, pero también un campo
de batalla. En ocasiones, el peor, el más doloroso. Caen las
vigas del cielo cuando se levanta la mano contra la propia madre. Eso inquieta
siempre, pero también, en este caso, es perturbador el porqué la mirada ha
elegido enfocar esa noticia entre muchas otras: el móvil es un móvil. Podría
haber sido otra cosa, pero sabemos que ese móvil del móvil tiene algo especial.
Es un aparato y, a la vez, un instrumento mágico. Nos arroja de bruces en la
incertidumbre: estamos empantallados hasta las cejas y no sabemos cuánto de progreso y cuánto de
pesadilla nos espera. Cuánto hay de carrera y de escapada en esta fascinación
colectiva. Con el smartphone tenemos en la mano, por fin, la sensación de poseer la vara mágica
de los cuentos.
Sin llegar a un extremo violento, ¿cuántas
broncas no habrá habido, no hay cada día, por la posesión infantil de ese rey
indiscutible? Sí, es inquietante, pero no tan sorprendente, pensar ahora en la
imagen del adolescente enrabietado, fuera de sí, por pertenecer, en nuestro
“primer mundo”, a ese grupo marginal de los desposeídos del poder mágico. En el
nuevo medio ambiente virtual, no tener un móvil, no estar metido en la
pantalla, no estar en la carrera en las aplicaciones, eso sí que es pobreza. En
la sociedad empantallada, con televisión, móvil, tableta, ordenador, ¿quién quiere ser
pobre virtual?
El infantil ya no es un mercado potencial, es el
gran caladero. En ese “primer mundo”, según Ofcom, casi un 90% de menores de 15
años tiene acceso a un móvil. En España, cerca del 30% de niñas y niños de 10
años. En poco tiempo, serán una excepción los adolescentes desmovilizados. Tal vez surja
en el futuro algún movimiento de rechazo, de objetores del móvil. Conozco algunos
jóvenes que ya lo son, esa ironía de Rebeldes sin Móvil. Pero la expansión es
fulgurante, sin apenas límite. No tardarán en ser usuarios todos los niños incunables. Dicho en el
sentido de la greguería de Ramón Gómez de la Serna sobre los libros incunables:
los que no se pueden leer en la cuna.
El caso del chaval enfurecido es noticia no solo
por su actitud. Detrás del suceso está la historia real de la brecha virtual.
La madre, entre sollozos, explicó que quería pero no podía comprarle el móvil
por carecer de recursos. La gran brecha divide al planeta: la pobreza real y la
virtual tienden a fundirse. Hubo un tiempo, en la época de flâneur (el maravilloso
oficio de andar curioseando) de Charles Baudelaire, en que se puso de moda en
París pasear con una tortuga de mascota. Ahora el móvil ha engullido a la
mascota y al paseante. Es él el que marca el ritmo. El poder se mide por la
velocidad de actualización y acumulación de aplicaciones.
La principal explicación que dan la mayoría de
los padres para comprar o facilitar elsmartphone a niños de 10 años o menos es la de incrementar
su seguridad. No es una razón nimia. A lo largo de la historia, gran parte de
los avances tecnológicos derivan de ese afán. Fíjense en la cerrajería, esa
vanguardia en constante innovación. Pero también sabemos que hay seguridades
muy inseguras. Aumentan los pequeños que sufren nomofobia: la angustia de estar sin móvil y no saber qué hacer. Creo que
argumentan mejor los padres que facilitan esa tecnología a los menores con la
intención de aprender de ellos. Es tener un máster en casa. Niñas y niños
tienen en las manos una vara mágica, conectada a sus neuronas y a las yemas de
los dedos. La mayoría de los adultos lo que tenemos es un cacharro con el que
pelearnos con más o menos torpeza.
El problema es el fetichismo, compartido por
muchos mayores y menores. Esa falacia de asociar empantallamiento con conocimiento. Hay comunidades donde se ha recortado en
recursos educativos y que luego alardean de iniciativas “innovadoras” consistentes
en repartir gratis tabletas al alumnado. La escuela debería ser declarada
espacio libre de empantallamiento. El lugar donde se aprende a leer en sonda de profundidad y no en
fragmentos superficiales.
En Tailandia, frente al último golpe de Estado militar, muchos
jóvenes se manifestaron en protesta. Utilizaron los móviles para reunirse. Pero
lo que de verdad desconcertó a los nuevos dictadores fue que enarbolaran
libros, ejemplares de la novela 1984, de George Orwell. Eso sí que es un
“terminal inteligente”.
Manuel Rivas, El País
Responde a las siguientes preguntas:
1.
¿En qué líneas el texto es más
informativo? ¿Por qué lo crees?
2.
Señala los elementos lingüísticos que
desvelan la opinión del escritor.
3.
¿Cuál es tu opinión acerca de ello?
4.
Busca más información acerca de la novela
“1984” de George Orwell. ¿Qué relaciones
encuentras con este texto?
Puedes
exponer o puedes argumentar o mezclar ambas realidades durante dos minutos ante
tus compañeros. Dado el poco tiempo del que dispones, puedes redecir tu soporte
técnico a un pantallazo de alguna de las fuentes que defienden tu postura.




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